Medicina y enfermedad

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“Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.

Juan 4:16–18

Según la revista Leadership en Boston, una corte declaró inocente a Michael Tindall, a pesar de que Tindall había ingresado drogas a los Estados Unidos en su avioneta. ¿Por qué fue este hombre declarado inocente? Porque su abogado argumentó que Tindall era una víctima del síndrome de “adicción a la acción”. Es decir, Tindall entonces hizo lo que hizo, no porque era un traficante, sino porque quería más acción en su vida. Esto claro, es el resultado de vivir en una nación donde solo hay víctimas, y no seres responsables de sus actos.

Los versículos de hoy son parte de la conversación que Jesús tiene con una mujer en Samaria. Jesús sabe que esta mujer está enferma de pecado, y le ofrece la medicina: la salvación. Sin embargo, ella no acepta la medicina porque no cree que está enferma. Al ver esto, Jesús decide ser más frontal y hacerle ver a ella su enfermedad (pecado). ¿Cómo? recordándole que los seis hombres con lo que ha estado hasta ahora, demuestran que su vida no ha sido el mayor ejemplo de pureza y santidad. Esto a la final, hace que el corazón de esta mujer acepte que ella es pecadora, y que necesita la medicina: perdón de Dios.

En este punto es importante notar algo, no fue hasta que esta mujer reconoció que era pecadora, que la medicina produjo el efecto deseado. En una sociedad de víctimas, el evangelio no puede causar impacto, porque el evangelio causa impacto solo cuando el pecador asume su responsabilidad y culpa. En este mundo entonces, es importante no solo hablar de la medicina, sino también de la enfermedad (pecado). Darle el evangelio a alguien que no reconoce que es pecador, es gracia barata, es hacer un fariseo, es hacerlo un pseudo cristiano. Y en última instancia, es seguir contribuyendo a crear una nación llena de víctimas y no, de seres responsables.