Una falsa dicotomía

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¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

Muchos hablan de la salvación del alma, dando a entender que el cuerpo no puede ser salvado por cuanto es demasiado pecaminoso. Este pensamiento no tiene fundamento en la palabra de Dios (La Biblia), por cuanto Jesús resucitó con un cuerpo dándonos la plena certeza que nosotros los que creemos en El, también resucitaremos con el mismo cuerpo que tenemos.

Desde el origen del hombre Dios nos creo con un cuerpo maravilloso, El quiso que tengamos un cuerpo; sin el cuerpo el ser humano es incompleto, no podríamos  disfrutar de la belleza de la creación. Este pensamiento de que el cuerpo es malo es en primer lugar fruto de entender mal las consecuencias que trajo el pecado. Cuando el pecado entro en el Edén afecto todo el ser, es decir cuerpo alma y espíritu, y no solamente el cuerpo. La muerte  se infiltró en todo nuestro ser.  Que sea más fácil de ver las consecuencias del pecado en el cuerpo como la enfermedad y la muerte, es otra cosa; pero no debemos dejar de ver que en las enfermedades del alma se originan las enfermedades del cuerpo.

La filosofía de que el cuerpo es malo ha llevado a dos tipos de comportamientos destructivos en la historia de la humanidad: El primero tiene que ver con el ascetismo en el que la gente para purificarse de las contaminaciones de este mundo se ha retirado para vivir vidas aisladas, que al final solo han conseguido desarrollar vidas de hipocresía camuflada. El segundo comportamiento destructivo es el que da rienda suelta a sus deseos carnales pensando que si el cuerpo es malo no debemos ponerlo limites, y lo que es peor aún muchos en esta categoría llegan a vivir vidas solo centrados en sí mismos ya que creen que lo único que tienen es esta vida de “70 años”, y se aferran desesperadamente a ésta. – (F)