Admirable

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“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable…”. (Isaías 9.6)
Es que es fácil en este mundo enamorarse, admirar y maravillarnos con los dones que Dios ha dado a cierta gente. Nos maravillamos en el fútbol con Messi, Ronaldo, y Neymar. En la pintura con Picasso, Van Gogh y Rembrandt. En la música con Michael Jackson, Justin Bieber o si somos más conservadores con Julio Jaramillo. Pero el profeta Isaías nos anima este día a poner la admiración en aquel que realmente es admirable, maravilloso, excepcional y sorprendente, en Jesús ¿Por qué? Porque el hizo algo que no tiene comparación. Este niño nació con la misión de morir por gente, por quien no valía la pena morir, gente como tú y yo. Gente pecadora desde su nacimiento y hasta su muerte. Gente que en ninguna manera era atractiva a un Dios santo y sin mancha, como el Dios de la Biblia. Si usted está pensando en esta navidad “yo valía la muerte del hijo de Dios” “había algo en mí que Dios quería y por eso vino a rescatarme” “Dios sabía que yo lo valía todo” ese tipo de pensamiento es el pensamiento romántico de la cultura popular que piensa que lo merece todo y que es buena, y que por lo tanto ve a Jesús como un héroe, pero no como un Salvador. Esta navidad es el momento perfecto para recordar que los héroes mueren por una causa que ellos creen que es justa, o por una persona que ellos creen merece vivir. Pero la Biblia deja en claro que nosotros no éramos ninguno de los dos. Ni justos, ni gente que merecía vivir, sino estar eternamente en el infierno. Que éramos creaturas rebeldes, egoístas, y egocéntricas, sin valor alguno para un Dios que es santo, santo, santo, sin macha, y eternamente justo. Pero claro, la Biblia no se queda allí y dice también que “de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él crea, no se pierda, más tenga vida eterna”. Es por todo esto, que el acto de salvación de Jesús hacia nosotros no fue un acto de heroísmo, sino de misericordia, amor, y gracia, hacia seres corruptos como nosotros. Y es por esto también que en la Biblia tiene muchos títulos para Jesús, “Admirable, hijo de Dios, Salvador, pan de vida etc.” pero nunca lo llama héroe. Porque rescatarnos del pecado y levantarnos de la tumba en donde estábamos pudriéndonos por causa de ese pecado no requería de tan solo un simple héroe. Requería una persona admirable, maravillosa, excepcional que tenga el poder del levantar a los muertos y crear vida donde no la había. En esta navidad entonces, Isaías nos recuerda que no celebramos el nacimiento de un hombre común que hace actos de heroísmo, sino que celebramos el nacimiento de un Salvador. Feliz Navidad!

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