Cero tolerancia para el pecado

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“De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre”. 1 Corintios 5.1
La iglesia de Corinto era una iglesia llena de problemas, herejías, y pecado. La pregunta para la iglesia de Corinto no era ¿Qué pecado tenían? sino más bien ¿Qué pecado no tenían? en este caso, lo que Pablo está yendo a encarar es un problema de incesto que ocurría en medio de toda la iglesia. De este versículo aprendemos por lo menos tres cosas. Primero, que la iglesia no es una entidad perfecta aquí en la Tierra, y la razón por la cual no lo es, es porque todavía está llena de personas imperfectas como tú, como yo, y como los demás hermanos que se sientan a tu lado el domingo. A veces la gente de afuera nos mira y asume que somos “perfectos” porque vamos a tal iglesia. Eso no es de extrañar, lo que sí es de extrañar, es que muchos de nosotros estemos viviendo de manera farisaica solamente porque queremos que los demás nos vean como si ya fuéramos perfectos. La verdad es que no hay iglesia perfecta en este mundo, porque en este mundo todavía existen personas como usted y como yo, que estamos en camino a la perfección gracias a la esperanza que hemos encontrado en Cristo. Segundo, lo que también vemos en este versículo es que no toma ni una sola generación para que una iglesia se corrompa en todos sus niveles. La iglesia en Corinto había sido fundada tan solo años atrás por el mismísimo apóstol Pablo, y en esa misma generación la iglesia se había desviado del evangelio, y es por eso Pablo les escribe esta carta. Finalmente, lo que también podemos ver en este versículo es que es nuestra responsabilidad enfrentar el pecado en la iglesia y en nuestras vidas. No hay que dejar que el pecado florezca o se añeje, hay que encararlo de manera sabia y prudente pero también directa. La iglesia no es una institución llena de gente perfecta, es una entidad que crece hacia esa perfección, pero que no lo hará, hasta que no nos tomemos el tiempo de enfrentar el pecado en nosotros y en nuestra comunidad cristiana. El pecado no se tolera, se lo enfrenta donde quiera que se lo encuentre, sea en nuestra vidas o en la iglesia.

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